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ACUACULTURA OCTUBRE 2006


CULTIVO DE TRUCHAS EN LAGUNAS
Por: Luis M. Chiodo Llauró

(PARTE 1 EN LA EDICIÓN DE AGOSTO 2006)

MEJORAS

Las mejoras que se realizan en una laguna tienen por objeto aumentar la producción o evitar la pérdida de peces.

Construcciones

Las construcciones necesarias a realizar en una laguna tienen relación con el régimen hídrico anual del ambiente y con la fuga potencial de peces por los cursos de agua que ingresan o salen de la laguna.

En cuanto al régimen hídrico, se debe asegurar la provisión de agua suficiente como para mantener un volumen acorde con la producción durante los períodos en que haya peces. Para ello, a veces resulta necesario contar con canales o embalses a fin de mantener (o ampliar) la superficie aprovechable. Debe tenerse en cuenta que el volumen de agua de un ambiente no es sólo resultado de la diferencia entre el agua que ingresa y la que egresa vía arroyos, vertientes o ríos, sino que también son sumamente importantes las pérdidas por filtración y por evaporación, así como los aportes (en algunos casos) de una capa freática alta  .  

Los ríos o arroyos de ingreso o salida, de caudal reducido o moderado, pueden bloquearse (para evitar la fuga de las truchas) mediante rejillas de madera, caña o metal. En algunos casos se utiliza malla plástica en un marco de madera. Estos cortes a los ingresos y salidas de agua presentan como inconveniente el taparse con todo aquello que arrastran las aguas, hojas, palos y piedras. Cuando esto ocurre y una rejilla se “tapa”, el agua rebalsa o socava o produce ambas cosas. Evitar que se tapen las rejillas requiere de una periódica limpieza, la que puede espaciarse en el tiempo si se utilizan rejillas autolimpiantes o cuando es posible trabajar con rejillas inclinadas entre 20 y 45 grados.

A menor abertura entre los barrotes de una rejilla más pequeños son los peces que retiene, pero mayor la cantidad de basura y por tanto aumenta el trabajo de limpieza. El Cuadro 5 presenta las relaciones entre el peso de las truchas y la abertura mínima entre barrotes por la cual pueden pasar las truchas.

PASO DE TRUCHAS POR TRAMAS DE REJILLA SEGÚN SU PESO

TRAMA DE LA REJILLA
(en milímetros)

PESO MÁXIMO
(en gramos)

5 8
7 20
9 40
13 80
15 100
18 130
21 160
23 200
25 240
27 280
28 300
29 330
30 360

De acuerdo a la zona, será posible reemplazar las rejillas por “filtros” de piedra. Estos consisten en montículos voluminosos de piedra cortando el río, con el objeto de que el agua se filtre entre las piedras y constituya una barrera al paso de los peces. En la medida en que las piedras se sellen con el arrastre del río, el sistema tenderá a comportarse como un embalse y deberán removerse las piedras para su limpieza. Este método no es útil en cursos con mucho arrastre o caudalosos.

Otra alternativa para evitar la remonta de las truchas consiste en lograr el ingreso del agua en un abanico amplio y superficial en la costa, lo que es posible si se cuenta con cierta pendiente previa que permita "desmembrar" el cauce.

Tanto en el ingreso o egreso de aguas, en ambientes con abundante vegetación (ejemplo, juncos) se puede dar una barrera natural cuando la misma sea particularmente tupida y sólo permita una filtración lenta y dispersa del agua. En estos casos, la vegetación no sólo no debe ser erradicada (ver control vegetal), sino que convendrá protegerla y preservarla de modificaciones que puedan producir una canalización, por ejemplo, por el tránsito de animales.

Para los cursos de ingreso, es posible controlar la fuga de los peces mediante embalses, los que pueden ser construidos en su versión más económica con bolsas de arpillera o de plástico reforzado, rellenos con tierra, o con jaulas de alambre, llenos con piedra (gaviones). Dado el instinto de las truchas de remontar las corrientes, el embalse deberá descargar sus aguas formando una fina película que recorra su pared posterior, por unos 40 o 50 cm. como mínimo, a fin de obstaculizar los saltos. Una segunda opción es la de concentrar la salida del agua del embalse con uno o varios caños que descarguen a unos 40 cm por encima del pelo de agua a pie de la presa, con lo cual las truchas han de saltar atraídas por la corriente, pero difícilmente podrán ascender.

Una de las mejores combinaciones para evitar la remonta parecería ser la de represa y rejilla, ya que la primera evita la subida de peces pequeños y la segunda retiene a los grandes.

En estos casos las rejillas se colocan en ángulo (20 grados) mirando aguas abajo, afirmada su base en la cresta de la represa, la parte superior de la rejilla suele sujetarse con postes o bien estar colgada de riendas, su altura puede variar entre 40 y 60 centímetros.

Algunas lagunas disponen de sectores naturales aptos para poder operar con embarcaciones. Cuando esto no ocurre, debe considerarse la construcción de un muelle o bien de una “playa“ para trabajar. Las operaciones de manejo del ambiente requieren, en cuanto al muelle, de espacio apropiado y seguro para amarrar, comodidad en las operaciones de embarque y desembarque de peces, fácil acceso al resto de las instalaciones en tierra, cierta profundidad para poder mantener jaulas pequeñas para aclimatar semilla, mantener reproductores o estoquear ejemplares para el mercado.

El muelle o sector de desembarco, debe ser visible desde cualquier punto de la laguna, para lo cual pueden usarse boyas, banderas, mangrullos, o balizas (se navega de noche). La visibilidad debe estar asegurada tanto por seguridad como por la eficiencia en las tareas.

La construcción o mejora de caminos de ingreso a la laguna suele ser una de las tareas que mayor trabajo y costo demanda. Como contrapartida positiva, en muchos casos, este tipo de mejoras pueden llevarse a cabo con los peces ya sembrados en la laguna.

Del ambiente acuático

Control de otros peces

Al igual que una parcela de tierra, una laguna debe ser preparada - como el suelo -, para recibir la semilla. Al competir los peces por alimento y oxígeno, resulta ideal el ambiente en donde no se encuentran presentes otros peces. Estos ambientes suelen ser lagunas aisladas, que en algunos casos han sufrido algún tipo de fenómeno particular como una sequía o la introducción de un pesticida u otro contaminante. Las lagunas temporales o artificiales (canteras inundadas, embalses de riego, etc.) también pueden estar despobladas de peces.     

En los ambientes de la cordillera y de la Patagonia pueden existir salmónidos silvestres, cuándo esto ocurre lo aconsejable es iniciar su explotación comercial. En la medida en que se avance, éstos serán reemplazados por líneas de criadero.

Para un correcto y eficiente manejo de una laguna, los peces existentes deben ser erradicados. La explotación de una laguna no es compatible con su conservación como medio natural intangible, de donde o se la conserva, o se la explota. Explotarla implica su modificación sustancial en cuanto a las especies de peces y ciclo energético.

El control de las otras especies de peces puede realizarse por métodos físicos, biológicos o químicos. Los controles físicos son aquellos vinculados con la extracción mediante redes de enmalle o arrastre, antes o durante el cultivo de las truchas. También se puede recurrir a modificar los lugares de desove de las especies no deseadas, a fin de disminuir su tasa de reproducción, o a otros métodos de captura (trampas, nasas, espineles, pesca eléctrica, etc.) que en definitiva actúan disminuyendo el número de ejemplares no deseados.

Se habla de control biológico cuando los peces no deseados son predados por otros peces o animales. En el caso del cultivo de truchas en lagunas, y por ser la trucha un pez carnívoro, podrá esperarse en algunos casos que éstas cumplan  esta función, si bien para obtener conveniente grado de eficiencia debería existir una alta densidad de las mismas. La experiencia indica que para el caso de las lagunas, por el momento no hay controles biológicos útiles.

El uso de químicos para erradicar peces de un ambiente natural es el método más extremo a emplear y el de mayor eficiencia teórica, si bien deben ser evaluados sus efectos. Las peores consecuencias resultan de utilizar productos que además de matar a los peces, eliminan la vida animal y vegetal de la laguna. El “mejor“ producto sería aquel que actúa de manera SELECTIVA, eliminando solamente a los peces y sin consecuencias en el resto de la vida acuática o animal del entorno.

Si se aplica un químico en una laguna y se mata la totalidad de los peces, se debe tener en cuenta que si estos no son retirados, entrarán en descomposición, alterando TODO el ambiente. Por el momento, no disponemos de una experiencia apropiada como para recomendar el empleo de productos químicos, que por otra parte no parecen indispensables en ambientes de cordillera o patagónicos, donde la captura da resultados aceptables en la mayoría de los casos. En cuanto a ambientes de la Llanura Pampeana, la situación es distinta y su uso para poder iniciar la explotación parecería la única alternativa, dado el gran número de especies de peces presentes y sus características.

Control de la vegetación

La vegetación debe ser controlada cuando afecta el equilibrio productivo y cuando entorpece las tareas de captura y navegación.

La vegetación excedente podrá ser controlada por cortes periódicos o por herbicidas selectivos que no afecten el resto de la vida de la laguna, sobre todo al fitoplancton. En muchos casos se combinan cortes y herbicidas selectivos. Para el caso de las lagunas bonaerenses puede ayudar la presencia de nutrias.

El junco es uno de los palustres que más comúnmente requiere ser controlado, es muy sensible al uso de diquat y paraquat (compuestos a base de dipiridilo), se suministran de 3 a 4 kilogramos/Ha.

En la medida en que avanza el manejo de un ambiente, la masa vegetal tiende a aumentar. La vegetación sumergida, suele ser la de más complejo control, pudiendo entorpecer la cosecha. Para su extracción se usan cadenas o diferentes tipos de rastras capaces de arrancar o, por lo menos, cortar las plantas, aunque debe recordarse que la remoción del fondo y el aumento de la turbidez son indeseables.

Encalado

La cal es de uso muy frecuente en la piscicultura en estanques. En el caso de lagunas, su uso puede resultar práctico para: 1) lograr la precipitación de materia orgánica en suspensión 2) dar mayor estabilidad al Ph y 3) aumentar la productividad al incrementar las reservas alcalinas. En las lagunas con reservas alcalinas altas el encalado es contraproducente (aguas con más de 100 miligramos de Ca/litro).

Para esparcir la cal en forma pareja en el ambiente convendrá contar con un bote, en el que se cuelgan bolsas de arpillera conteniendo el producto. Con el movimiento, la cal se irá diluyendo dejando una estela blanca detrás de la embarcación. Si se cuenta con motor, convendrá diluir la cal y por medio de una manguera verter la solución con el bote en movimiento. La manguera de salida se ata a la pata del motor, por delante de la hélice, la que opera como mezcladora.

En el caso de ambientes que reducen periódicamente su superficie, es posible suministrar la cal distribuyéndola sobre las orillas. Al aumentar nuevamente la dimensión de la laguna, la cal se incorpora en forma paulatina.

La cantidad de cal a suministrar por hectárea, puede variar entre los 50 y los 150 kilos por hectárea, si bien este límite es algo relativo. Un agua blanda (Ph de 4 a 6.5) podrá recibir hasta unos 300 kilogramos de cal por hectárea dos veces al año. En el caso de fondos de estanques que se secan, se llega a suministrar más de una tonelada de cal por hectárea.

La experiencia en el encalado de lagunas es limitada, por lo que se recomendaría su implementación en casos particulares, en donde las reservas alcalinas sean bajas (menos de 40 - 50 mg./Ca/lt) o al registrarse altos porcentajes de materia orgánica en suspensión.

En ambientes de productividad media o alta del tipo cordillerano o patagónico, convendrá recurrir al encalado recién al tercer o cuarto año de iniciada la explotación, siempre que el seguimiento de la calidad del agua no indique lo contrario.

En los ambientes muy poco productivos el encalado puede modificar situaciones no deseadas como un Ph bajo o una reserva alcalina deficiente, aunque deberá evaluarse si los resultados  esperados justifican esta inversión en tiempo y dinero.

En aquellos casos en que el productor vea la necesidad de encalar su laguna, sugerimos siga los siguientes pasos: 1) en base a la experiencia de piscicultores profesionales de su región o país, establezca los tipos de cales disponibles en el mercado y su utilidad en piscicultura, si carece de información confiable limítese a utilizar Cal Viva (CaO) en polvo (de uso habitual en la construcción); 2) realice el control del Ph y de las reservas alcalinas del agua antes, durante y después del encalado y 3) fraccione el encalado en por lo menos tres veces, espaciadas cuatro o cinco días.

Abonado - Fertilizado

La producción en aguas “quietas” (ambientes lénticos) aumenta con la incorporación de abonos orgánicos o inorgánicos y con el incremento de las reservas alcalinas.

El agua puede ser enriquecida por medio de abonos orgánicos o fertilizantes que al incorporar determinadas substancias provocan el aumento de aquellos organismos que son el alimento de los peces.

Los abonos y fertilizantes son de uso común en la piscicultura en estanques. Su uso en lagunas por parte de los productores agropecuarios, resultará conveniente sólo cuando el mismo sea aconsejado, en cuanto a tipo, forma de preparación, modo de suministro, etc., por un piscicultor profesional, a fin de evitar alteraciones indeseables del ambiente.

Peces forrajeros

No es aconsejable la introducción de ningún pez en la laguna para que el mismo sea usado como forraje (alimento) por las truchas. Por el contrario, el productor deberá evitar la existencia o introducción de cualquier otro pez en el ambiente.

(CONTINÚA EN LA EDICIÓN DE DICIEMBRE 2006)

 

 

 

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